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Gibraltar: Entre Exteriores y Defensa
de Administrador AESIL - Friday, 3 de January de 2014, 14:24
 

Gibraltar: Entre Exteriores y Defensa

21 de diciembre de 2013 a la(s) 4:54

En los últimos 75 años el asunto de Gibraltar ha sido cuestión de dos protagonistas en los pasillos de la más alta administración española. El Palacio de Santa Cruz, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, y el Palacio de Buenavista, sede del  Ministerio del Ejército. Veamos que ha pasado entre ellos.


La historia de las relaciones hispano británicas antes de la Guerra Civil Española se resume en pocas líneas. Enemigos desde la llegada de los Borbones a España, aliados a la fuerza desde que en 1833 la única forma de supervivencia de la rama isabelina de la familia real fue buscar a regañadientes el apoyo de los liberales y del gran país liberal del XIX, el Reino Unido. Si entendemos además que la relación de fuerzas militares entre españoles y británicos era grotescamente favorable a estos últimos, comprenderemos porqué España se vio sometida al colonialismo inglés tras el fracaso de los intentos militares de recuperar el Peñón durante las guerras del siglo XVIII.


Tras la Guerra Civil la situación dio un vuelco. En primer lugar, esa identidad de intereses ideológicos hispano-británica (mantener la monarquía y un estado liberal) desapareció radicalmente. Por otro, la posición estratégica de Gibraltar convirtió al Peñón en un enclave esencial en el desarrollo de la 2ª Guerra Mundial y de la Guerra Fría, a un nivel que no lo había sido antes. La posición de España frente al hecho colonial que se veía obligada a soportar se enfrentó entonces a la necesidad de tomar una decisión: ¿Queremos recuperar Gibraltar? ¿En qué condiciones? Al menos en cinco ocasiones esas preguntas estuvieron vivas y forzaron al gobierno español a enfrentarse a una decisión. Las respuestas españolas en esos cinco momentos son las que han permitido a Reino Unido no sólo mantener, sino incluso fortalecer su posición colonial en España. Veamos como:



1. 1940. Los propios británicos reconocen que 1940 fue el año clave de la historia británica contemporánea, donde se jugó su supervivencia como nación independiente. No es necesario decir que en 1940 España estaba gobernada por un líder fascista aliado con Hitler y Mussolini, y que amenazaba con destruir en pocas horas el acceso directo de los británicos al Mediterráneo. La respuesta británica a este gravísimo riesgo es bien conocida. Sobornos a gran escala a los altos mandos del Ejército. El gobierno español estaba dividido. La Falange y el ministro de Asuntos Exteriores, Serrano Suñer, veían en la derrota francesa y la debilidad británica una oportunidad única de recuperar para España una posición internacional en torno al punto estratégico del Estrecho de Gibraltar, obteniendo Marruecos, Orán… y Gibraltar, sostenida por la alianza de la Alemania nazi. Franco fue presionado, desde el interior de su régimen, desde Alemania y desde Italia, en junio y octubre de 1940 para que entrara en la Guerra Mundial atacando Gibraltar.


La razón fundamental para no hacerlo fue que esas presiones fueron compensadas por las presiones, igualmente vehementes, primero del propio Churchill, que llego a prometer informalmente a Franco conversaciones para la devolución del Peñón tras la guerra, y luego de un grupo de generales y almirantes (Nicolás Franco, Varela, Aranda,  Kindelán, Moreno, Queipo de Llano, Orgaz, Asensio…). Muchos de ellos (si no todos) recibieron cuantiosos sobornos.


 http://www.abc.es/cultura/20130527/abci-inglaterra-soborno-franco-guerra-201305261954.html 


Sobornos que fueron el origen (incrementadas con negocios varios y puestos en Consejos de administración de grandes empresas públicas) de grandes fortunas actuales, y que como todos sabemos ahora tuvieron un rotundo éxito, puesto que Franco no dio el visto bueno a la Operación Félix. Probablemente ese fue uno de los elementos fundamentales que permitieron la supervivencia del franquismo tras la 2ª Guerra Mundial.



2. 1967. La década de los 60 fue la década de la descolonización. Las decrépitas potencias europeas (sobre todo Reino Unido y Francia) se demostraron incapaces financieramente de defender sus colonias, mientras que las grandes potencias, EEUU y la URSS se proclamaron abiertamente defensoras de la independencia de los pueblos. Países como India o los estados árabes recuperaron los enclaves coloniales que habían sido forzados a ceder en el XIX. España se vio también inmersa en esa revolución diplomática. En 1969, a indicación de la ONU, dio la independencia a Guinea Ecuatorial, y en 1975, bajo presión de EEUU y con la aquiescencia de los altos mandos del Ejército, se entregó el proceso de descolonización del Sahara Occidental a Marruecos.


En el caso de Gibraltar, Castiella consiguió un resonante éxito al lograr que la Asamblea general de la ONU aceptara el principio de reintegración territorial como base de la descolonización de Gibraltar. Ya sabemos la reacción de los británicos a los intentos españoles de aplicar los principios reconocidos en la ONU (deslegitimar la ONU, organizar un referéndum ilegal y dar a los gibraltareños un espurio derecho de autodeterminación), pero Castiella también tuvo que luchar dentro del gobierno… contra los ministros militares.


En 1967 Castiella llevó al Consejo de Ministros la petición de medidas de presión en Gibraltar (recordemos que en 1961 los indios habían invadido Goa a pesar de la secular alianza anglo-portuguesa y la pertenencia de Portugal a la OTAN), de las cuales la más agresiva era la de establecer una barrera de globos alrededor al aeropuerto del istmo. La idea de Castiella fue ridiculizada por los ministros militares, y Franco la rechazó con cierta violencia.


http://www.alertadigital.com/2012/06/01/franco-pragmatico-sobre-gibraltar/


¿Por qué los militares la rechazan? Pues evidentemente porque en los 60 los militares españoles ya no piensan en un ámbito nacional, sino en un ámbito occidental, de acuerdo a los intereses estadounidenses y británicos. Y Gibraltar es, en ese sentido, un punto clave de la estrategia de la Guerra Fría. Castiella consiguió forzar el cierre de la Verja en el verano de 1969, pero fue cesado en octubre. Pocas dudas caben sobre de dónde vino la decisión de sacar del gobierno al Ministro de Estado que más había avanzado en el tema de Gibraltar desde 1704.



3. 1973. El siguiente momento clave fue sólo unos pocos años después. Los años 60 supusieron para las fuerzas armadas españolas (y sobre todo para la Marina) un cambio radical de estrategia. Se pasó de una tradición de colaboración técnica-industrial europea (con Reino Unido la Marina, con Francia el Ejército y el Ejército del Aire) a una alianza estratégica con el complejo industrial-militar estadounidense. Exteriores, dirigido ahora por López Rodó, vio una oportunidad de oro para avanzar en la recuperación de Gibraltar. Aprovechando la necesidad estadounidense de consolidar los Acuerdos con España y el uso de las bases americanas en España, el ministro español presionó para que EEUU mediara con Reino Unido para avanzar en la descolonización. ¿Qué sentido tenía la base de Gibraltar en la estrategia americana si disponía de Rota como base naval, Morón como base aérea y Cartagena como base logística? La respuesta del más alto mando militar español de la época fue inequívoca.


Entrevista del embajador estadounidense Rivero con el Almirante Carrero:

"Le mencioné a Carrero mi charla reciente con López Rodo observando que López Rodo había unido la cuestión de Gibraltar a las negociaciones sobre renovación del acuerdo bilateral España -EE.UU. Le dije a Carrero que la cuestión de Gibraltar era entre dos buenos amigos de EE.UU. Y que los EE.UU. han tenido siempre  una postura neutral. Para intentar ayudar, el secretario Rogers había hablado con el secretario de estado británico sobre el tema, según lo solicitado por López Rodo, pero en el contexto de la neutralidad de EEUU. Cuando le dije que López Rodo me había indicado su opinión de que no habría ninguna justificación para mantener ambas bases en la zona, Rota y Gibraltar, si la cuestión de Gibraltar no se resolvía, Carrero hizo un gesto al efecto dejando claro que él no lo considera una idea sería que pudiera ser tenida en cuenta. Le dije: "se trata de dos cuestiones distintas" y estuvo de acuerdo. Le señalé que nuestra posición en Rota es para nuestro beneficio mutuo, y se mostró enfáticamente de acuerdo, añadiendo que él reconocía es un esfuerzo conjunto contribuir a la defensa de España."

http://aad.archives.gov/aad/createpdf?rid=50952&dt=2472&dl=1345


De nuevo las estrategias de Exteriores y de Defensa divergían en el tema de Gibraltar, y de nuevo los mandos militares imponían el sometimiento a los intereses estratégicos de la OTAN, de EEUU y, en último término, de Reino Unido. Nadie puede dudar ahora del intachable patriotismo y la integridad del almirante Carrero, pero en el tema de Gibraltar su posición varió mucho entre lo que pensaba en 1950 “Gibraltar es un trozo de España que nos fue arrebatado... y que tiene que volver a España...” y lo que pensaba en 1973.



4. 1982. La entrada de España en las organizaciones supranacionales europeas dio a España una oportunidad de oro de volver a presionar en el tema de Gibraltar. Marcelino Oreja, ministro de Exteriores español, dejó claro que todo ingreso de España en la CEE y sobre todo en la OTAN debía ir acompañada de un paso adelante en el tema de Gibraltar. Gracias a ello se consiguieron dos avances clave: la declaración de Lisboa, por la que el Reino Unido aceptó el inicio de conversaciones sobre Gibraltar. “Los dos Gobiernos han acordado iniciar conversaciones a fin de solucionar todas sus diferencias sobre Gibraltar…” lo que abrió el camino a la incorporación de España en la OTAN en 1981, y la declaración de Bruselas de 1984, “…establecimiento de un proceso negociador a fin de solucionar todas sus diferencias sobre Gibraltar… Ambas partes acuerdan que, en el marco de este proceso, serán tratadas las cuestiones de soberanía."


Con todas las limitaciones de un acuerdo que incluía clausulas de ‘respeto’ por parte británica a las opiniones de los gibraltareños, representaron un formidable avance, ya que establecían un reconocimiento británico de una soberanía en suspenso, hasta la consecución de un acuerdo final (por más que las líneas de ese acuerdo se mantuvieran abiertas). Recordemos, además, que en ese momento las conversaciones chino-británicas sobre Hong Kong empezaban a ponerse en marcha, para terminar, con la absoluta unanimidad y decisión china de recuperar su unidad territorial, en el Turnover de 1997. Pero de nuevo los intereses exteriores se entrecruzaron. Y en este caso al más alto nivel, el representado por SM el Rey Don Juan Carlos.


SM el Rey ha tenido siempre muy presente la necesidad para España de mantener la alianza estratégica, la amistad y la colaboración con EEUU. Y en esa relación hay un asunto extremadamente delicado: la posición estratégica del Estrecho de Gibraltar, con mucha diferencia la principal preocupación estadounidense respecto a España. De hecho, es conocido que en 1973-1975 SM el Rey, entonces Príncipe de España, colaboró activamente con la diplomacia estadounidense para reconducir la tensión hispano-marroquí a cuenta del Sahara, en un contexto de amenaza de infiltración soviética en la región a través de Argelia y el Frente Polisario, lo que dio como resultado la entrega por España de su posición en el Sahara a Marruecos, sin contrapartidas, de acuerdo a los intereses estadounidenses.


En 1982 ocurrió algo semejante. En medio de la crisis de Malvinas, y con el temor de que el gobierno español pudiera aprovechar la situación para ocupar el Peñón, Margaret Thatcher envió a su principal asesor en temas internacionales, Anthony Parsons, a entrevistarse con SM el Rey Juan Carlos. La respuesta de SM el Rey, publicada este verano por el gobierno británico en medio de la crisis de los bloques, fue que “correspondía a España hacerse atractiva para los gibraltareños, de modo que ellos vieran las ventajas de unirse a España… no está en los intereses de España recuperar pronto Gibraltar, incluso si ello fuera posible. El Rey de Marruecos me ha avisado de que si España se mostraba a punto de recuperar el Peñón, Marruecos haría una oferta inmediata por Ceuta y Melilla. Eso sería extremadamente grave… la cuestión de Gibraltar debe manejarse a largo plazo y en una perspectiva amplia de la relación de España con Reino Unido, y Occidente en general."

http://vozpopuli.com/actualidad/30259-el-rey-a-un-asesor-de-thatcher-recuperar-gibraltar-no-esta-en-los-intereses-de-espana


De nuevo vemos “los intereses de Occidente” por encima de los intereses españoles. Por supuesto, desde 1982 Ceuta y Melilla se han convertido en un espantajo cada vez que España comienza a presionar sobre Gibraltar, como se ha visto este otoño, cuando ha llegado a amenazarse públicamente en la Cámara de los Comunes con empujar a Marruecos contra España. Y asimismo, todas las apelaciones de España a negociaciones sobre soberanía has sido despachadas con una referencia a que "España debe hacerse querer por los gibraltareños y se trata de un tema a muy largo plazo dentro del marco más amplio de la relación entre España y el Reino Unido". Es lo que tienen los tropiezos. Mientras, la completa confianza y el seguir un camino derecho con objetivos irrenunciables de los chinos desembocó en la recuperación para China de la joya colonial británica: Hong Kong.



5. 2002. En 2001-2002 se estuvo más cerca que nunca de alcanzarse un acuerdo entre España y el Reino Unido. Blair, Straw y Hain, por parte británica, Aznar, Piqué y De Benito por parte española, estuvieron a punto de alcanzar un acuerdo de cosoberanía, que iba a anunciarse en julio de 2002. En medio de una enorme tensión a principios de ese mes, el 10 de julio Marruecos envió los gendarmes a Perejil. Durante una semana España vivió con la amenaza de una guerra, y EEUU se vio obligada a mediar para evitarla (1). De Gibraltar nunca más se supo. Piqué fue sustituido por Palacio, la conversaciones con Reino Unido se desvanecieron por arte de magia y Gibraltar celebró ese otoño un referéndum ilegal. Luego vino marzo de 2004, la constitución gibraltareña de 2006 y el Foro Tripartito. Como siempre, los “intereses de Occidente” están por encima de los intereses de España.



Poco más se puede decir. EEUU en particular y Occidente en general no moverán un dedo sobre Gibraltar si España no pone el tema de Gibraltar como un asunto de primer orden. España tiene la capacidad militar de asegurar para EEUU e Israel el paso del Estrecho (y eso se verá, esperamos, en la grandes maniobras de 2015, que se celebrarán en Cádiz-Huelva), que de eso se trata al final todo. Después de eso, es un tema de decisión política. De decidir si España acepta un enclave colonial británico permanente (disfrazado de estado semiindependiente) que parasite impunemente su economía y su posición estratégica.


Si España decide que no lo acepta, ha llegado el momento de convertir las palabras en hechos, y enfrentar a Europa y EEUU con la realidad: hay un hecho colonial que España no acepta y quiere resolver pacíficamente. Si España, por el contrario, decide que ese hecho colonial es asumible y está subordinado a intereses más importantes, nombremos a Susi Barranco ministra de Asuntos Exteriores. Por lo menos mejoraremos así nuestras relaciones con Gibraltar.


Por cierto. Reino Unido se ha pasado los últimos dos años preparando todo tipo de contingencias militares respecto a su posición en Gibraltar y sus relaciones con España. Y no se ha molestado en ocultarlo.







(1) Quizás algún día sepamos qué pasó a principios de noviembre de este año en la Isla de Tierra.


Fuente:

https://es-es.facebook.com/notes/gibraltar-espa%C3%B1ol/gibraltar-entre-exteriores-y-defensa/584933088243062